Historia

La cooperativa está conformada por 27 mujeres indígenas tzotsiles de la comunidad de Yaxgemel en el municipio de Chenalhó, Estado de Chiapas, integrantes de la organización indígena y pacifista “Las Abejas”.
Nuestro caminar como grupo de mujeres artesanas nació en medio del dolor y el sufrimiento en el año 1997. Cuando nos desplazamos de nuestras comunidades y llegamos a formar un campamento de paz en X´oyep en el municipio de Chenalhó por causa de la guerra sucia de baja intensidad gestionada por los ex gobernantes priístas Ernesto Zedillo y Julio César Ruiz Ferro y otros más de los tres niveles de gobierno, federal, estatal y municipal, en el año 1997 contra las organizaciones y pueblos indígenas del Estado de Chiapas, acabando con la masacre de 45 hermanos y hermanas nuestras de Acteal, el 22 de Diciembre, en los altos de Chiapas, por grupos paramilitares que todavía siguen impunes.
Cuando salimos de nuestras casas no llevamos nada más que la ropa que portábamos, todas nuestras pertenencias quedaron en la comunidad y así llegamos al campamento de paz (X´oyep) sin nada pero absolutamente nada. Porque salimos con los brazos cruzados para que nadie nos sospeche que estábamos yendo a otro lugar.
Entonces de allí empezábamos a sufrir mucho porque no hay diversificación de alimentos como en la casa propia, solo comíamos fríjol con tortillas, poco de atún con menos rendimiento para la salud humana porque eran de mala calidad y porque apenas nos la alcanzaba porque éramos muchos los que estábamos allí en el campamento, llegamos a vivir como 600 familias de 5 comunidades a X´oyep y esta es una comunidad pequeña con poca gente, con apenas 15 familias. Tampoco teníamos dinero para comprar lo que nos faltaba y menos podíamos trabajar la tierra para cultivar diferentes productos de donde obtenemos el complemento de la alimentación saludable.
Por causa de mala alimentación se generó mucha enfermedad y además en una misma casa habitaban 4 y hasta 6 familias en la que la enfermedad se contagiaba con mucha facilidad.
Como no teníamos dinero no podíamos comprar lo que nuestros hijos nos pedían de ahí empiezan a llorar y nosotras las acompañamos por sentir el dolor de no darle lo que necesitan nuestros niños.
Entre el dolor y el sufrimiento tan insoportable empezábamos a preocupar mucho pero también teníamos la esperanza de que un día nazca la paz, justicia y dignidad para todos y todas.
Bueno, como estábamos juntas y diario nos vemos con otras mujeres de diferentes comunidades nos compartimos el dolor, la tristeza, el sufrimiento pero también la alegría, experiencias e intercambiamos ideas. Ya nos sentimos como hermanas aunque veníamos de distintas lugares y porque Dios siempre quiso así que seamos todos y todas como verdaderos ovejas del buen pastor, nos hicimos como una sola familia.
A veces nos pusimos a platicar sobre como debemos hacer para que nuestros hijos no sufran más. Pero no se nos ocurre nada que sea viable y accesible al medio en donde estábamos.
Y buscamos, buscamos alternativas para reducir un poco el sufrimiento de nuestros hijos de no poder darle lo que nos piden. Y empezamos a platicar y preguntar con los visitantes que llegan, le compartimos el dolor y el sufrimiento y preguntamos que si nos podían ayudar para obtener un poco de recurso económico. Cuando escucharon nuestros sufrimientos, nuestras suplicas y Dios también les movió el corazón a sus hijos, entonces de allí una madre clarisa llamada Esther nos propuso que si queríamos para bordar separadores, y aceptamos porque no hay otra opción menos confiar en alguien quien nos la quiere ayudar. Nos la repartió 5 prendas cada mujer y así empezamos a bordar los separadores cuando por fin nos quedó bien hecho nos la compró y es así como nos ayudo un poco. Y también Cáritas nos dijo que nos puede ayudar para vender artesanías, entonces paulatinamente fuimos bordando prendas, aprendimos a hacer blusas, bolsitas con logotipos de abejas, servilletas y otras cosas.
Nuestro sufrimiento, caminar y esperanza fue extendiéndose mas y más, traspasando fronteras. Una mujer de Noruega ayudó a todas las mujeres que están desplazadas en el campamento X´oyep. Nos repartió estambres y prendas para bordar. Y así nos estuvo ayudando por un tiempo. Después nos ayudo una monja llamada Isabela, quien nos ayudó cuando organizamos nuestro retorno, entonces así estuvimos viviendo y trabajando durante los años en el desplazamiento. En el año 2001, organizamos nuestro retorno a nuestra comunidad de origen, sin justicia ni condiciones de seguridad por parte del gobierno, pero por la grave situación económica y humanitaria que atravesábamos en el campamento, nos vimos obligados a retornar a nuestras comunidades.
Ya estando en casa, no hay una solución positiva para nuestros problemas porque nuestras casas están vacías prácticamente lo perdimos todo. Los paramilitares con la protección de la seguridad pública del estado, robaron nuestras pertenencias como la cosecha de nuestro café, maíz, fríjol y otros productos básicos que eran para autoconsumo de nuestras familias. Se necesita mucho más para volver a tener de nuevo lo que teníamos antes del desplazamiento porque la producción de maíz, fríjol, café que es el principal sustento de las familias lo perdimos y es imposible tenerlo de nuevo de la noche a la mañana.
Desde nuestro retorno, acordamos seguir organizadas en la cooperativa, porque caímos en la cuenta que organizadas, se pueden encontrar soluciones positivas a nuestras necesidades individuales y colectivas. Es así como nos organizamos y hasta la fecha seguimos trabajando en colectivo.
Bueno muchas personas de distintas países nos acompañaban en el retorno, nos la preguntan que como nos sentíamos, y les decimos que aun nos faltan muchas cosas para restaurar la vida normal.
Y entonces empezamos a platicar con una mujer llamada Rebeca González y ella también nos pregunto ¿qué sentíamos? Y le dijimos que no muy contentas porque nuestras prendas que bordamos ya no se vendían muy bien y le dijimos que si nos la puede ayudar para vender artesanías, ella también nos ayudó, pero a veces por falta de lugares donde vender y porque en Chiapas hay mucha artesanía no hemos vendido tanto, pero seguimos caminando.
Queremos resaltar también que no solo estamos organizadas por nuestras artesanías, si no aprovechamos para conocer y defender nuestros derechos como mujeres indígenas. Entonces con nuestro trabajo y la lucha por nuestros derechos, ambos se toman de la mano y se fortalecen. Porque cuando bordamos una prenda, es seguir bordando nuestras raíces y culturas mayas, es seguir reparando el tejido social que le entró fractura en el año 1997. Los bordados que hacemos, vienen de nuestras abuelas y de la misma manera seguimos transmitiendo estas sabidurías y experiencias a nuestros hijos, es decir, nuestra cultura e historia se transmiten de generación a generación.
Porque nosotras no solo bordamos con el objeto de tener recurso económico si no para seguir exigiendo justicia, para ejercer nuestros derechos como mujeres que si pueden cambiar las cosas en positivo. Ya que así se mantiene el sentido de nuestras vidas y el espíritu de nuestra identidad, el valor como un ser humano que si piensa. Seguir valorando nuestra cultura tradición a través de nuestra vestimenta, trabajo y costumbre.
Porque por las novedades de las ropas modernas tienen influencia en las comunidades indígenas y si dejamos de bordar es como sentenciar a muerte nuestra cultura, raíces y dejar de luchar y gritar por la paz, justicia y dignidad de las personas.
Y solo así se puede mantener viva nuestra cultura, bordando, tejiendo reivindicando el valioso tesoro que nos dejaron nuestros antepasados y al mismo tiempo se reconoce el trabajo de las mujeres para que haya igualdad entre hombres y mujeres y ambos se juntan y fortalecen la búsqueda del bien común, la vida buena para todos y todas.
Esta es una breve historia del caminar de la búsqueda del bien común y de nuestro grupo de mujeres artesanas. Y al mismo tiempo agradecemos el apoyo, el amor que nos han demostrado por nosotras las personas que nos han ayudado. También pedimos que no nos olviden y que no nos abandonen, para que sigamos buscando camino y mercado justo para nuestras artesanías y esperamos seguir contando con su apoyo.
Gracias a los que han ayudado a cargar nuestra carga y a los que han acompañado el caminar en el camino difícil que otros no se atreven a pasar, buscando la equidad social y la salida a la vida buena en el mundo entero.

1 comentario:

VEREDEANDO dijo...

Reciban un fraternal saludo.
Yo soy un integrante de una cooperativa de vivienda Calpulli del Valle, la que fundamos desde 1986 con el objetivo de obtener una vivienda digna, tras años de lucha la hemos obtenido, nuestros hijos crecieron en el transcuros de este tiempo, pero la lucha de ustedes ha sido mas dura y cruel de ahi la mayor importancia sigan adelante y en lo que se pueda ayudar lo haremos con gusto.
Rafael alvarado Gonzalez
paisajesalvarado2@gmail.com